Última actualización: julio de 2026 · Redactado por el equipo de fototerapia de Dermfix
Respuesta breve: Tras revisar 68 estudios in vitro y con animales, los investigadores descubrieron que la luz LED produce los mismos efectos biológicos fundamentales en la cicatrización de heridas que la luz láser: menos inflamación, mayor actividad de los fibroblastos, más colágeno y una mejor formación de vasos sanguíneos. La propiedad que define a un láser como tal (la coherencia) no parece ser la responsable de que la terapia con luz de baja intensidad funcione. La longitud de onda y la dosis son mucho más importantes que el hecho de que la fuente de luz sea un láser o un LED.
La reseña
Un equipo de la Universidade Federal de Minas Gerais y de la Pontifícia Universidade Católica de Minas Gerais de Brasil —formado por Maria Emília de Abreu Chaves, Angélica Rodrigues de Araújo, André Costa Cruz Piancastelli y Marcos Pinotti— se propuso zanjar un debate de larga data en el ámbito de la fototerapia de baja intensidad: ¿realmente importa si se utiliza un láser o un LED? La revisión se publicó en los *Anais Brasileiros de Dermatologia* en 2014.
El equipo realizó búsquedas en Medline, PubMed, Science Direct y SciELO para localizar estudios publicados entre 1992 y 2012, utilizando combinaciones de términos como «terapia con láser de baja intensidad», «LED», «fototerapia», «cicatrización de heridas», «fibroblastos», «colágeno» y «angiogénesis». Al final, analizaron 68 estudios: 48 sobre la luz láser sola, 14 sobre la luz LED sola y 6 que comparaban directamente ambas técnicas en las mismas heridas.
Qué hacen realmente ambas fuentes de luz
En los distintos estudios sobre láser, las longitudes de onda oscilaron entre 532 y 1064 nm, siendo la banda más utilizada la comprendida entre 632,8 y 830 nm, y las dosis se situaron en su mayoría entre 1 y 5 J/cm². Los estudios con LED utilizaron un rango similar, de 456 a 880 nm, concentrándose con mayor frecuencia en torno a los 627-670 nm, siendo 4 J/cm² la dosis más habitual.
A pesar de proceder de fuentes de luz diferentes, ambas produjeron la misma serie de efectos biológicos: menor número de células inflamatorias en la zona de la herida, mayor proliferación de fibroblastos, mayor síntesis de colágeno y aumento de la angiogénesis y la formación de tejido de granulación —los elementos fundamentales de la reparación de las heridas—. Los seis estudios que compararon directamente el láser y el LED en los mismos modelos de heridas no observaron diferencias significativas entre ambos.
Por qué resulta que la coherencia no importa
La propiedad física que define a la luz láser es la coherencia: sus fotones viajan con la misma frecuencia, dirección y fase. Algunos investigadores han sostenido que esto confiere a los láseres una ventaja que la luz LED no coherente no puede igualar. Este estudio refuta directamente esa idea: la coherencia se pierde casi de inmediato en cuanto la luz interactúa con el tejido biológico, y las pruebas analizadas muestran que la respuesta celular a la luz no depende de si dicha luz era coherente en un principio. En la práctica, una vez que la luz incide sobre la piel, un láser y un LED con la misma longitud de onda se comportan de manera similar a nivel celular.
Lo que realmente importa: la longitud de onda y la dosis
Si la coherencia no es el factor decisivo, ¿cuál es? El análisis apunta claramente a dos parámetros: la longitud de onda y la dosis.
En cuanto a la longitud de onda, la mayoría de los estudios eficaces —59 de los 68 analizados— utilizaron luz dentro de lo que los autores denominan la «ventana terapéutica óptica», que abarca aproximadamente el rango que va del rojo al infrarrojo cercano, donde la hemoglobina y la melanina absorben menos y la luz penetra en el tejido de forma más eficaz. Un número menor de estudios utilizó luz azul o verde y también observó efectos, pero el rojo y el infrarrojo cercano siguen siendo la opción predominante y mejor respaldada para el tratamiento de heridas.
En cuanto a la dosis, la revisión hace referencia a la curva de Arndt-Schultz —el mismo principio bifásico de relación dosis-respuesta que se observa en otros trabajos de esta bibliografía—, según el cual las dosis muy bajas producen pocos efectos, los efectos se acumulan hasta alcanzar un pico en torno al rango de 1-5 J/cm², y las dosis demasiado elevadas (10-16 J/cm² en varios estudios) en realidad inhibían la respuesta biológica en lugar de potenciarla. En otras palabras, acertar con la dosis es más importante que el dispositivo utilizado para administrarla.
El mecanismo propuesto
El artículo describe un modelo en dos etapas (atribuido a la investigadora Tiina Karu) que explica cómo funciona esto a nivel celular. En primer lugar, se produce una «reacción primaria»: la luz es absorbida por la citocromo c oxidasa en las mitocondrias, lo que altera su estado redox y acelera el transporte de electrones en la cadena respiratoria —un proceso que tiene lugar en cuestión de segundos o minutos—. A esto le siguen las «reacciones secundarias», que se desarrollan a lo largo de horas o días, en las que esa señal inicial se amplifica y se transmite por toda la célula, afectando en última instancia a los niveles de calcio, al metabolismo, a la síntesis de ADN y ARN, y a la proliferación de fibroblastos —los efectos posteriores que, en realidad, impulsan la cicatrización visible de las heridas—.
Preguntas frecuentes
Entonces, ¿el LED es tan eficaz como el láser para la cicatrización de heridas?
Según esta revisión de 68 estudios, sí: los efectos biológicos fueron sistemáticamente similares, y las seis comparaciones directas no revelaron diferencias significativas entre ellos.
¿Por qué se pensaba, para empezar, que los láseres eran mejores?
Principalmente por la coherencia: la teoría de que la fase uniforme de la luz láser le confiere una ventaja terapéutica. Este estudio ha revelado que esa hipótesis no se sostiene una vez que la luz interactúa realmente con el tejido.
¿Qué es más importante que la fuente de luz?
Longitud de onda (los mejores resultados se obtuvieron con longitudes de onda que iban del rojo al infrarrojo cercano) y dosis (los efectos alcanzaban su máximo entre 1 y 5 J/cm², y las dosis superiores resultaban contraproducentes).
¿Significa esto que cualquier longitud de onda o dosis funciona igual de bien?
No; en la revisión se deja claro que los efectos dependen en gran medida de que ambos parámetros se ajusten correctamente, razón por la cual los autores abogan por protocolos clínicos más estandarizados.
Fuente: Chaves, M.E.A., Araújo, A.R., Piancastelli, A.C.C. y Pinotti, M. «Efectos de la fototerapia de baja potencia en la cicatrización de heridas: LÁSER frente a LED». Anais Brasileiros de Dermatologia, 89(4), 616-623 (2014). DOI: 10.1590/abd1806-4841.20142519.
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